
Nunca fue tan breve una despedida
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Oscar Rivera había permitido una carrera, pero no había permitido hit, en un caso muy raro. Las entradas pasaban y seguía dominando a los actuales campeones. En la séptima entrada final, faltando tres outs para esta extraña hazaña logró los primeros dos outs y la expectativa creció. Me recordé cuando le grabé (horriblemente) su juego perfecto en 2005, así que preparé el celular y cuando faltaban dos strikes.... hit! Adiós juego sin hit pero con carrera, adiós grabación.
Las horas pasaron y cerca de las once y media de la noche, tres refrescos, una bolsa de piedras, seis levantadas para estirar los pies y medio pastelito después... el doble juego había concluido con dos triunfos para los de casa. La gente salía contenta y presurosa, los pastelitos que en el estadio costaban $25 en la salida estaban ya a 2 por $20. Como siempre, en el estacionamiento se acabaron las cortesías y a salir a la fuerza, la avenida copada y todos queriendo llegar a sus respectivas casas. Hasta los de la radio prefirieron acortar su resumen y mandarnos a todos a dormir.
Que larga y cansada jornada beisbolera y eso que ni me moví.