jueves, julio 12, 2007

El título lo dejaré al último

Mientras espero al albañil por sexta ocasión sin éxito, me doy cuenta que hoy no tengo ganas de escuchar a los Decadentes, ni a LFC, ni a los Pericos y ni a nada que sepa a choripán.
Pero que mala suerte he tenido con los alarifes que se han comprometido a venir a la oficina por un simple reboco que se hará en los cuartos de atrás. La semana pasada le pedí al albañil que no falte otra vez porque ya nos había dejado mal en dos ocasiones, a final de cuentas nunca llegó y los bultos se siguen endureciendo ahí en los cuartos de atrás.

El martes, "como contratista serías pésimo, ya es la cuarta vez que no viene el albañil" me dijo mi compañero mientras sonreía y escribía una serie de numeritos en un papel, le pedí el número de cuenta de un señor y me largué al banco a depositarle, pues había que pagar las tarjetas inalámbricas que habíamos solicitado por Internet. Eran casi las once de la mañana y aquel banco de la colonia García Gineres se encontraba practicamente vacío, deposité y salí del banco a los cinco minutos, inmediatamente mientras circulaba por las inmediaciones me tocó la mala suerte de estar detrás de un auto conducido por un viejito que creo que no conocía lo que era meter la tercera velocidad. Calles después me topé con un minicongestionamiento. "Que raro" pensé, "que habrá pasado".

Miércoles, mientras rastreaba el pedido en aquella página de la mensajería, caí en cuenta que el nuevo albañil no iba a llegar porque ya eran casi las diez de la mañana, saqué mis cuentas: entre dos distintos albañiles ya me habían dejado mal en cinco ocasiones. Empecé a leer el Diario en línea, "Ejecutado en Mérida", seguí leyendo para satisfacer mi morbo, "ya se veía venir" pensé timidamente. El periódico apuntaba hacia el narco pero también hacia el contrabando humano. A final de cuentas un ajuste de cuentas. Los sicarios siguen al objetivo, le disparan y huyen. No pasa nada como siempre.
Mi amigo quien ya había leído la noticia, hacía varios comentarios, también dijo: como estamos en Mérida y aquí no es muy común este tipo de cosas, ahora muuchos van a decir "maaáre cabrón, yo estaba por allí por la García Gineres cuando pasó eso, jaja". "Dices que como a las 11 de ayer pasó todo eso?" le pregunté, mientras buscaba en el WinMedia una canción de LFC.
Riquelme acababa de resolver magistralmente un tiro penal y todo el desánimo me invadió, el marcador era ya 3 a 0. Seguramente en ese mismo momento millones de mexicanos se encontraban molestos y la noche se pintaba triste. Mi descontento disminuyó cuando pensé que terminando el partido iría a comprar unas tortas con Manolos, el de las ricas tortas del béisbol, la distancia no importa cuando se trata de antojos. Seguía viendo el partido de la selección pero, dado el marcador, por momentos le cambiaba a TVC que transmitía el partido de los Leones en el Foro Sol contra los Diablos. El muy viejo, muy sabio y muy escarlata narrador Tommy Morales hacía gala de su parcialidad en sus comentarios, me daban ganas de quitarle el sonido a la transmisión, pero mejor estaba la opción de cambiarle al futbol por cada vez que Morales hablaba. No pasó nada sobresaliente en ambos partidos.
Solo pasó que, así como dice Pepe Segarra: A mover el polvo, se acabó la historia mis niños!
Hoy jueves, mientras leo las noticias mañaneras y espero infructuosamente al albañil, me vienen a la mente las palabras del señor que me encontré ayer por la noche en Manolos, decía que él veía el béisbol obviamente por la TV y con la radio escuchaba la narración pues no soportaba a los comentaristas. Manolo solo sonrió y yo como no soy metiche no me metí en la conversación y solo veía como se freía ricamente un trozo de tocino.
Hoy por la mañana no se me antoja comer nada con carne, ni embutidos, nada. Tampoco se me antoja pensar en fútbol. Cambiaré la música y me concentraré en otras cosas un poco más importantes. Por el momento.