miércoles, febrero 27, 2008

Somos lo que somos

Ayer en la tarde escuchaba las noticias por la radio y un comentarista invitado del programa hablaba de una nota que no me había nacido leerla en línea minutos antes: Regresan los libros de formación cívica y ética a las primarias.
Bueno, un comunicado nada fuera de lo normal. Pero el locutor invitado dijo a viva voz que afortunadamente y luego de 25 años regresaban estas materias humanistas tan necesarias en nuestro país. Que estos 25 años representaban a toda una generación que fue prácticamente perdida, que es la generación que exige libertades pero que protesta a la primera oportunidad, que es la generación que exige respeto pero que amenaza cuando se enfrenta a ideas distintas a las suyas, que es la generación con bajo sentido de la honradez y luego vino un largo etcétera contra esta generación, por cierto mí generación.
Vaya, no solamente pertenezco a la generación que creció con la incertidumbre económica en la llamada década perdida, sino que ahora también, en palabras del viejo locutor, pertenezco a una generación con poco respeto y que se conduce sin acato.

No me jodas viejo – pensé. No le creo mucho y con tantos años a cuestas utilizó el malogrado recurso de que “los viejos somos mejores que los jóvenes”, tal y como estamos haciendo los jóvenes contra la generación más joven. Parece un círculo de pretextos que nunca permitirán elevar la escalera al cielo.
La responsable del programa ha dicho que: “Los maestros deben enseñar a niños y jóvenes a respetar las formas de pensamiento, puesto que la pluralidad no debe ser vista como una amenaza”. “Las escuelas junto con los padres de familia deben construir el aprecio a la democracia y fortalecer la cultura de la paz.”

Todo lo anterior ya se ha escuchado millones de veces en el último año y medio. Es el civismo y ética contra la desobediencia. Eso huele más que azul.

Pero, ¿así somos? 2 pequeños ejemplos.

- La semana pasada hacía fila para obtener unos boletos que eran completamente gratis. Una gran cantidad de gente había respondido a la cita. Pero la decepción fue que muchas personas que ya tenían boletos los estaban vendiendo porque no tenían interés alguno en el partido. Cambiar algo gratis por dinero. Solamente por vivos, por joda, por interés, por lucro. Por todo lo contrario a los fines de los organizadores, porque “hay que joder a los ricos y sacar algo de provecho” según dijo un señor que vendía alegremente sus boletos.

- Por TVE vi que en los supermercados de aquel lado del mundo se ha incrementado el uso de las bolsas de tela reutilizables para las compras no grandes, por aquel rollo ecológico contra el plástico, y consiste más o menos en que al cliente se le regala una bolsa y cuando éste retorne al supermercado tendrá que llevar la misma bolsa de tela para su compra. “Buena idea, deberíamos hacer algo parecido por acá”, pero a los treinta segundos se vinieron abajo las ganas… Aquí se iría por una bolsa de tela, se regresaría al Súper sin la bolsa para obtener otra, se volvería al Súper por otra y por otra y por otra. O los más vivos le adaptarían compartimentos interiores para robar.
Podrían ser tantas las circunstancias que harían a un lado el propósito principal de estas acciones.
Pero.
Si con las futuras clases de civismo y ética las generaciones que están por venir hicieran a un lado el egoísmo natural que se ha generado por las condiciones económicas. Si con esas materias la sociedad actuaría responsablemente… suena a ilusión, sin ser pesimista.

Pero, como quisiera tragarme mis palabras contra ese viejo locutor.