El cambio de horario, cómo me gusta. Creo que soy uno de los del apenas 30% de la población que ven con agrado el cambio de horario. Simplemente me gusta y ya. Han pasado doce años desde que se implementó el cambio de horario en el país y algunos periódicos siguen publicando notas donde la gente se queja amargamente de lo mismo.
Aún recuerdo cuando en semana santa del 96 el cambio de horario nos tomó por sorpresa, era chevere jugar voleyball en la playa a las 7 de la tarde. En aquel año nos invadieron por varios meses los anuncios zedillistas donde nos mostraban las ventajas y ahorros del cambio (de horario). De este ajuste en el horario se habló mucho en aquellos días, casi tanto como del chupacabras.
También recuerdo, como en el 98, cuando nuestro vecino Quintana Roo tenía un horario diferente al de nosotros, allá anochecía como a las 8:30 pm.
Siempre me ha agradado ver que sea de noche despues de las 7:00 pm.
Claro, como ahora no tengo que madrugar a las 6:00 am para irme a la escuela y encontrarme todo oscuro, que fácil lo veo. Pero bueno, es cuestión de acostumbrarse, como a casi todo en la vida.
